Un candidato Basiliano en Cali- Una reflexión

1 Jun

Esta reflexión esta dedicada al Padre Francisco Amico, CSB, bajo requisición suya.

 

 

Tras de un amoroso lance, 
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

 

Para que yo alcance diese
a acueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese…

 

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatime tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto, 
que le di a la caza alcance.

 

-San Juan de la Cruz (1548-1591)

 

Cada vez que leo esta poesía, que fue escrita durante un tiempo de reforma, no solamente dentro de la orden Carmelita a la cual San Juan de la Cruz perteneció, sino de toda la Iglesia Católica, creo que resume apropiadamente mi tiempo de servicio en Cali, Colombia, como candidato de la Congregación de San Basilio.

 

Mientras comienzo a escribir esta reflexión sobre lo que acaeció durante mis seis meses en Cali para cuando vuelva a Canadá en junio; estoy regresando a Cali después de una visita a la Casa Annonay, la sede Basiliana de Bogotá. La altitud de la ciudad capital colombiana es destacada. A una altura de 2 600 metros, Bogotá esta más arriba del nivel del mar que todas las ciudades capitales del mundo a excepción de dos: La Paz, Bolivia y Quito, Ecuador. El eslogan de Bogotá, a causa de su altitud, es la ciudad “2 600 m más cerca de las estrellas.”

 

Tuve también la oportunidad de visitar la casa  Basiliana de Medellín, que tiene un balcón en su tercer piso con una vista hermosa del centro de la ciudad desde las alturas del barrio Olaya Herrera. Este balcón era uno de mis lugares favoritos para escribir, para orar, y para contemplar la naturaleza tan bonita que Dios nos ha regalado. Cali, que está en el valle del Río Cauca, tiene montañas también, pero es una ciudad generalmente más plana que Bogotá o Medellín. En Cali como en Bogotá o en Medellín, los Basilianos están siempre dispuestos a servir a los pobres. Esta es una gran diferencia, creo yo, entre el carisma principal de los religiosos de Suramérica y los del Norte.

 

Nunca antes de llegar a Cali había visto tal nivel de pobreza que hay en una parte de nuestra parroquia que se llama La Playa. Mi primera excursión en este sector del barrio Puerto Mallarino fue emocionalmente difícil. En La Playa, mucha gente no vive en casas, sino vive en chozas básicas que sirven apenas como abrigos contra los elementos climatológicos. Las calles dañadas huelen feo y se llenan de agua durante las tormentas. Hay siempre riesgo de inundaciones provocadas por la lluvia, que a veces aumenta mucho el nivel del Río Cauca que fluye cerca. Lo que debe ser más triste es que hay otros barrios que están en la misma condición, ó sino peor que La Playa. Las personas que viven allá muchas veces no pueden pagar una educación para sus niños. Frecuentemente son personas desplazadas por la corrupción y la violencia que manchan este país que tiene un potencial social y económico tan grande.

 

Caminé otras veces en La Playa: una vez serví como intérprete entre dos sacerdotes Basilianos, el consejero general Padre Gordon Judd quien había estado visitándonos de Estados Unidos y el Padre Pedro Mora de Cali. Esta visita se dio durante un periodo de trabajo manual cuando en lugar de la labor físicamente más dura, el superior local, el Padre Francisco Amico, me encomendó ir con los Padres Gordon y Pedro a practicar mi español. Otra caminata en La Playa fue con los otros candidatos Basilianos de Cali para cortar los ramos del Domingo de Ramos en el mes de marzo. En las Escrituras Sagradas, los ramos tienen doble sentido. Primero, ellos significan el mártir y el sufrimiento, como viven cada día los habitantes de los barrios populares, que comprenden mejor que los ricos que la muerte de Jesús es intrínsicamente una glorificación del Señor (cf. Juan 12, 16), aún más que en relación con su Resurrección que es obviamente gloriosa. Segundo, los ramos denotan la alegría y la celebración. Cuando Jesús llegó a Jerusalén, las multitudes lo aclamarán con ramos, un símbolo judío de la Fiesta de los Tabernáculos (cf. 1 Macabeos 13, 51; 2 Macabeos 10, 7). Estas multitudes recordaran también la resurrección de Lázaro, amigo de Jesús, de entre los muertos (Juan 12,17). Para nosotros, discípulos de Jesús como Lázaro, la muerte entonces no es un hecho separado de la resurrección; para compartir la gloria de la Resurrección de Jesús, debemos también estar listos a compartir el sufrimiento y la vergüenza del Cristo crucificado- a cargar nuestra cruz diaria para seguir al Señor. (cf. Marcos 8,34; La Imitación de Cristo II.11) Esta es una lección importante que nos enseñan los pobres cuando estamos preparados para caminar con ellos.

 

Concurrentemente con la humillación de la pobreza, los que viven en los barrios populares comparten también una alegría que viene sin duda del Espíritu Santo. La alta taza de fertilidad en Colombia en comparación con la de Canadá se nota; hay bastantes jóvenes colombianos. Muchos de estos niños sufren de las mismas aflicciones de la generación de sus papás, por ejemplo la pobreza y la violencia ya mencionadas, el fracaso familiar, el abuso y el tráfico de la droga, y el robo que es con frecuencia una señal de personas desaventajadas tratando solamente de sobrevivir. Sin embargo, en medio de todos estos malos sociales, los niños tienen la fe y la esperanza que confunden a los que tienen una abundancia de bienes materiales pero carecen en demasía de lo que es más importante: la confianza en Dios omnibenevolente.

 

La primera Misa a la cual asistí en Cali fue pocos días después de llegar en enero. Fui con el Padre Basiliano Felipe (Wallace) Platt a una Misa de profesión de Franciscanos. El coro, enteramente conformado por niños, canto hermosamente. Me acuerdo de dos ó tres palabras del canto de entrada cuyo bello marco eran las sonrisas de los jóvenes, que cantaban con todo su ser de “la fe y la esperanza”. Desafortunadamente en aquellos días mi nivel de español no era suficientemente rico para deleitarme con el contenido idiomático del resto de la Misa, pero la canción inicial y la mirada en los rostros de los niños están siempre gravadas en mi mente.

 

La sonrisa es su idioma particular, trascendente de toda incapacidad de comunicar con palabras. San Francisco de Asis es famoso por haber dicho: “Predicar el Evangelio; usar palabras si es necesario.” También la primera carta de San Pablo a los Corintios nos impulso a orar por el don de interpretar lenguajes más que de sentirse orgullosos de poder hablarlos, porque dice, “Si oro en un lenguaje, mi espíritu está orando pero mi mente está improductiva.” (1 Corintios 14, 13-14) Los niños y los necesitados ilustran cómo interpretar de mejor manera el lenguaje de amor y de bondad que Dios enseña con preferencia a los sencillos. (cf. Lucas 10,21; Proverbios 9,4)

 

La Parroquia Nuestra Señora de la Asunción sirve a tres barrios del este de Cali: Andrés Sanín, Siete de Agosto, y Puerto Mallarino. El templo principal, así como la casa Basiliana y un colegio, el Instituto Nuestra Señora de la Asunción (INSA), donde estoy terminando mis cinco meses a enseñar Francés e Inglés, se sitúan en Andrés Sanín. En la parroquia, hay también capillas en los otros dos barrios. El barrio más pobre de esos tres es Puerto Mallarino. Me alegra ir a Misa y acolitar en todas los sectores de la parroquia, pero los encuentros con la gente de Puerto Mallarino, especialmente los más pequeños, me proporcionen una enorme jovialidad que se resiste a la descripción escrita.

 

Había ya contado la historia del día Domingo de Ramos. Mientras que los candidatos Basilianos, incluso yo, cargábamos los ramos en las calles de Puerto Mallarino, los niños salieron de sus casas para saludarnos. Los habitantes de nuestra parroquia reconocen el servicio de los Basilianos para ellos, y responden con inmensa gratitud. Muchos no tienen una educación ni buena catequesis, y siempre confunden los Basilianos en formación con los sacerdotes. Estaba también confuso la primera vez que un hombre me saludó en la calle frente del templo principal, “¡Buenos días, Padre!”, lo cual fue un gran honor, sin embargo, inmerecido para mí. Este saludo erróneo me hace no obstante recordar que debo buscar y orar por la santidad para vivir mis votos de pobreza, de castidad, y de obediencia ya no oficiales, y seguir la vida a la cual Dios nos llama comúnmente: a  ser según el bautismo Cristiano sacerdotes, profetas, y reyes. (cf. 1 Pedro 2,9)

 

Otra situación que me conmueve de sobre manera son mis encuentros con un niño particular de Puerto Mallarino después de cada Misa que yo acolito allá. A la salida de la Misa, cantamos siempre, “Dios te Salve, Maria…” En los tres templos de la parroquia, hay una imagen de la Madre de Dios cargando tiernamente el Divino Niño. Luego del himno a la Virgen, un niño cuyo nombre me escapa me sonríe y me pide que lo levante. Una vez en mis brazos, me dice, “¡Abre la boca!” No sé  porque él me solicita siempre abrir mi boca, pero cuando yo hago su voluntad, su sonrisa crece. Es una vista sin precio- la imagen, creo, del rostro de Dios mismo. Jesús nos da dos enseñanzas importantes, una concerniente con los niños y Su Reino, y la otra a propósito del ministerio de la boca. Primero, el Señor dijo a Sus apóstoles, quienes se encontraban impidiendo a los niños que estaban viniendo para que Jesús pudiese tocarlos: “El Reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que él que no acepta el Reino de Dios como un niño no entrará en él.” (Marcos 10, 14-15) Segundo, Jesús castigó a los fariseos: “De lo que abunda en el corazón, habla la boca.” (Mateo 12, 34) Como ya lo dije, la sonrisa, particularmente de un niño, es su lenguaje propia, revelando la plenitud del amor Divino en el corazón más humilde y seduciendo al mío. (cf. Santa Teresa de Lisieux, Ms. C, 36vo)

 

Ha sido mi privilegio y mi placer de enseñar a los estudiantes del INSA durante este tiempo en Cali. Mientras que todos los Basilianos de cualquier etapa de la formación religiosa tienen la oportunidad de compartir mucho con los jóvenes, es raro de que un candidato pueda dar clases diarias en el colegio. Esto implica inmediatamente una diferencia en la relación del candidato con el estudiante. Admito que es fácil sentirse muy encariñado con los alumnos, también que dejarse perturbar por los muchachos que no muestran esfuerzo en sus estudios ó que tienen problemas de disciplina, pero eso no debe obscurecer los principales objetivos del educador: de informar a los alumnos con un poco de sus conocimientos en un área especifica, y de permitirse a veces aprender valores importantes de los estudiantes.

 

En el INSA, la mayoría de los alumnos vienen de los dos estratos económicos humildes de la sociedad colombiana. Hay seis de tales estratos en Colombia, donde los más pobres están en el primer estrato y los más ricos están en el sexto. Entonces, algunos jóvenes que estudian en el INSA llegan sin haber comido ó de toda manera mostrando la tristeza de su situación de hogar. Todavía la mayor parte de los alumnos quieren aprender y respetan y honran los profesores. Era muy interesante sobre todo de responder a las preguntas frecuentes de los estudiantes sobre algunas detallas de la vida Basiliana ó de la cultura canadiense.

 

En la Semana Santa, presenté una exposición sobre cuatro santos de interés personal: San José, San Basilio Grande, Santa Juana de Arco, y Santa Teresa del Niño Jesús. La Semana Santa fue un gran éxito en general, en la casa, en la escuela, y en la parroquia. Mucha de la gente que viene a Misa tiene carencias graves, por ejemplo el desempleo, las enfermedades, y tal vez más significativamente, las faltas en el nivel de educación y de instrucción sobre la religión católica, pero también estas personas son testigos de la devoción y de una fe que es casi de ensueño en Canadá. Nos preparamos para la Semana Santa en grupos de habitantes de los barrios llamados Pequeñas Comunidades. El Jueves Santo, participamos de la celebración de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio por Jesús con doce estudiantes del grado undécimo del INSA sirviendo como apóstoles para el lavatorio de los pies. (cf. Juan 13, 1-20)

 

El Viernes Santo se celebró con la intensidad más grande que nunca había visto en mi país natal. Cargamos en las calles durante el Vía Crucis la Cruz y una estatua grande de la Dolorosa. Después del Vía Crucis, hubo una dramatización por los jóvenes del descenso de Jesús de la Cruz frente de la capilla de Puerto Mallarino, y luego una vigilia en el templo en Andrés Sanín, que fue oscurecido para recordar el vacío que acompaña la muerte del Cristo, quien venció el pecado del mundo. En la noche del Sábado Santo pasó la Vigilia de la Pascua, la Misa más grande del año, para celebrar la Resurrección del Señor, pero también para dar cuenta a nuestra esperanza común como Iglesia del retorno de Jesucristo en el día final. (cf. Apocalipsis 22,20)

 

No sabemos cuando el Señor llegará a la tierra de la misma forma que mientras fue al Cielo en Su Ascensión. (cf. Hechos 1,7; 1,11) Por eso debemos estar siempre listos, como siervos esperando el regreso de su maestro de un matrimonio (cf. Lucas 12, 35-40), practicando la Bondad, la Disciplina, y la Ciencia en la vida religiosa. En la casa Basiliana de Cali fue mi primera experiencia de esta forma de vida en común. Tengo mucha gratitud y alegría profunda por haber vivido en Colombia una mayor parte de mi candidatura. El Superior y Rector, el Padre Francisco Amico, además el Padre Pedro Mora y todos los habitantes de nuestra casa son ejemplos de virtud, de cariño, de enseñanza, de paciencia, y de amor fraternal.

 

Estoy preparándome para el noviciado Basiliano, que empezará el 15 de agosto en Windsor, Ontario, Canadá y que durará un año. “Noviciado” y “novicio” vienen de la palabra Latina “novus”, significando “nuevo”. Estoy siempre creciendo y descubriendo nuevas realidades en esta peregrinación Basiliana. Oro a Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo de continuar su trabajo en mí y de ayudarme a seguir su camino. También doy gracias a nuestro Dios por todos mis hermanos Basilianos que me dan la fuerza del Todopoderoso para ser cada día un mejor discípulo del Señor.

 

La vida religiosa es, de una manera, un microcosmo de la Iglesia entera. Finalmente, somos llamados no solamente a ser buenos religiosos, hermanos, ó sacerdotes, sino somos llamados a la vida eterna- a permanecer con Dios en la Comunión de los Santos, que es la comunidad más especial de todas. Experimentamos en esta valle de lágrimas el destierro, la pobreza, y la tristeza, pero debemos esperar únicamente en el Cielo. Este mundo, especialmente la vida en común, implica toda la topografía espiritual que explicó San Juan de la Cruz y las varias características físicas que Colombia me recuerda. Si deseáramos ser santos, como enseñó también Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, hermana de la misma comunidad Carmelita que incluyó San Juan de la Cruz, debemos primero ser humildes y no tener miedo de abatirnos, de estar tan bajos que Dios pueda llevarnos “tan alto, tan alto” para que podamos alcanzar la plegaria que es el Amor…

 

Oremos al Señor de la cosecha para que Él envíe más buenos cultivadores fieles a Su Palabra (cf. Mateo 9, 37-38), y para que podamos practicar la pobreza del espíritu y seguir a Jesús según Sus mandamientos de amar a Dios, a nuestro prójimo, y a nosotros mismos con todo nuestro ser. Somos siempre candidatos y novicios, tratando de nuevo de aprender la forma de vida para la que el Creador nos ha formado. O Cristo, sea nuestro instrumento de reformación de todas nuestras imperfecciones para llevarnos a la vida eterna. Amen.

 

  

 

Tras de un amoroso lance, 
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

 

1. Para que yo alcance diese
a acueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto, 
que le di a la caza alcance.

 

2. Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto, 
que le di a la caza alcance.

 

3. Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatime tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto, 
que le di a la caza alcance.

4. Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto, 
que le di a la caza alcance.

 

 

 

 

Quisiera incluir una dedicatoria especial a Andrés Felipe Zúñiga, mi maestro de Español y gran amigo durante éstos seis meses en Cali, quien me ayudó a lograr este primer articulo enteramente escrito en Español y quien es, creo, un ejemplo excelente del amor de Dios.

 

Warren Roger Schmidt,

Candidato, Congregación de San Basilio

22 mayo, 2008

Santa Rita de Casia

 

 

 

 

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3 Responses to “Un candidato Basiliano en Cali- Una reflexión”

  1. Victor Ariza Figueroa August 10, 2009 at 11:20 am #

    Apreciado Padre warren: hace dos meses atrás, aproximadamente, le escribí a su blog en busca de ayuda para mí y mi familia. no sé qué ha sucedido pues no volví a recibir respuesta de su parte. Claro está que Usted me envió una información valiosa para contactar con una entidad de Derechos Humanos pero la respuesta fue negativa. me gustaría contactar con usted nuevamente para saber, primero que todo, cómo está. De antemano, mil gracias por su atención a éste.

  2. Manuel Meza June 24, 2010 at 1:14 pm #

    Conoci al padre amico en colombia, hace muchisimos anos, pero desafortunadamente perdi mi libreta de telefonos, y asi mismo el contacto con el, me gustaria saber como esta el padre, pues tengo muchisimas cosas que agradecerle, ahora estoy viviendo fuera de colombia y me encantaria por lo menos saber como se encuentra. Les agradezco su informacion y si es posible que le den mi correo electronico para que ojala algun dia el se comunicara conmigo
    Manuel Meza

  3. Janeth Cuellar M. December 15, 2010 at 8:54 pm #

    Buenas noches,fue un placer leer lo que habia escrito de mi adorada tierra, en la actualidad vivo fuera del pais pero creame que me encantaria estar alla, yo formaba parte de los catequistas cuando los basilianos llegaron a la parroquioa y fue un placer trabajar con ellos, la verdad se que el trabajo que realizan es maravilloso, me encantaria comunicarme con el padre Francisco y con el padre Rafael

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